Carlos Barral. El aristócrata indigente

El próximo día 12 de diciembre se cumplen treinta años del fallecimiento del editor y poeta Carlos Barral. Celebrar el trigésimo aniversario de su pérdida prematura, con tan solo 61 años, es casi un imperativo no solo para el mundo editorial y del libro, sino también para todos los amantes de la lectura, ya que fue un personaje polifacético y brillante cuya labor al frente de Seix Barral transformó radicalmente el mundo del libro español, sacándolo del provincianismo y la atonía del primer franquismo y proyectándolo internacionalmente.

Cuando Barral y sus colaboradores crearon la renovada colección Biblioteca Breve casi todo estaba por hacer. A España no llegaba la nueva literatura que había eclosionado en la Europa de postguerra, en Alemania, en Italia, en la Francia del nouveau roman, etc. Los editores establecidos no traducían esos libros «difíciles», considerados demasiado vanguardistas para la sociedad española, y temían ‒con razón‒ la acción devastadora de la Censura, que se aplicaba a machamartillo para mantener a los lectores españoles en un limbo patriótico nacionalcatólico, reaccionario y mojigato. Barral combatió esta situación con valentía y denuedo, publicando esta literatura internacional y a los nuevos novelistas españoles del Realismo Social, Juan García Hortelano, Luis Martín-Santos, Juan Marsé, etc. Le costó «sangre, sudor y lágrimas», pero logró llevar adelante su programa y crear un catálogo deslumbrante que transformó radicalmente el panorama editorial español. Existen dos casos paradigmáticos referidos a la Censura que merece la pena resaltar entre otros muchos. La concesión del Premio Formentor a Tormenta de verano, de Juan García Hortelano, produjo un choque brutal con la Censura, en el que desde el Ministerio del Interior se llegó a exigir a Víctor Seix el cese inmediato de Carlos Barral al frente de la dirección editorial de la compañía, e incluso se llegó a pedir su exilio «voluntario». La publicación de La ciudad y los perros, del todavía desconocido Mario Vargas Llosa, que significó el estallido del boom de la literatura hispanoamericana, tan solo se logró después de una lucha denodada, incluidas gestiones personales de José María Valverde, Barral y el propio autor frente al Director General Robles Piquer. Ambos casos generaron gruesos expedientes de censura, que son estudiados a fondo en el libro Carlos Barral. El aristócrata indigente, y que resultan paradigmáticos para entender el papel castrador de la Censura franquista. El caso de Vargas Llosa adquiere particular relevancia ya que significó el inicio de la eclosión del boom de la novela latinoamericana, de repercusión mundial, y cuyo epicentro se situó en Barcelona merced a la acción de sus dos grandes mentores, Carlos Barral y Carmen Balcells.

Uno de los mayores aciertos de Barral fue saber rodearse de un grupo de colaboradores de enorme peso intelectual y gestor. La nómina es deslumbrante: Víctor Seix, Joan Petit, Jaime Salinas, Rosa Regás, Carmen Balcells, así como al conjunto de los escritores de la Escuela de Barcelona de la generación de los Cincuenta, Josep Maria Castellet, Jaime Gil de Biedma, los hermanos Goytisolo, Alberto Oliart, los hermanos Ferrater, etc., cada uno en su papel y todos ellos brillantes y determinantes. También se codeó con lo más granado de la edición europea, especialmente con Gallimard y con Einaudi, y su iniciativa de crear los premios y congresos de Formentor constituye la única ocasión en la que grandes editores europeos y americanos colaboraron en un proyecto común en pro de la gran literatura.

El gran acierto de Barral fue su firme creencia de que en España existía un núcleo de buenos lectores que estaba demandando el acceso a la nueva literatura, y que la obligación de un editor era precisamente facilitárselo. Para lograrlo hubo de enfrentarse también a la gerencia comercial de su propia editorial, que no creyó en la viabilidad de tal proyecto hasta que los hechos lo desmintieron. La deuda de los amantes de la literatura con la colección Biblioteca Breve es inmensa.

Pero, como hemos dicho, Barral no solo fue un magnífico editor, vanguardista y osado, sino también un poeta excelente, miembro destacado de la generación de los Cincuenta, de quien la académica y catedrática Carme Riera ha llegado a decir que los jóvenes poetas deberían leer más a Barral y menos a Gil de Biedma ‒que fue uno de los más grandes amigos del editor‒; también fue un excelente memorialista, cuyos libros figuran entre los más importantes en la España de la segunda mitad del siglo xx, y de los que hispanistas como Raymond Carr han afirmado que son los que más les ha ayudado a entender la sociedad española de postguerra. Fue además un personaje singular, mundano, cosmopolita, humanista, amante del mar en el Calafell que a su sombra se convirtió en polo de atracción de literatos, críticos y editores, conversador ameno y brillante…

Treinta años después de su fallecimiento ha llegado la hora de recuperar su figura y reivindicar su memoria, porque su papel en la modernización literaria y editorial de España fue inmenso, y su labor ‒continuada por editores formados a su sombra o bajo su ejemplo, como Jorge Herralde, Beatriz de Moura, Esther Tusquets, Jaime Salinas o Rosa Regás‒, esencial para el progreso de la cultura literaria española.